domingo, 13 de mayo de 2007

Fantasia o realidad.

No soy mas que tú, tus fantasías
tantas veces soñaste que se hizo realidad.
Pero lo que tú, tú no sabías es que los sueños no se pueden dominar.


Friedrich.

P.S. Los deseos se van a convertir en realidad.

miércoles, 9 de mayo de 2007

El imperativo categórico, una poltrona para asnos.

Ya es tiempo que se ponga a la ética en el banquillo de los acusados. Hace varios siglos que reposa en la cómoda poltrona que Kant le asignara: la del imperativo categórico de la razón práctica. En nuestras días , sin embargo, este último es invocado la mayoría de las veces bajo el título no tan fastuoso, sino más llano y ordinario, de "ley moral" [ Sittengesetz], que le permite, tras hacer una ligera venia a la razón y a la experencia, colarse sin ser visto; sin embargo, en cuanto se ha instalado en su casa, no cesa de dar órdenes y dictar disposiciones; y a partir de ese momento ya no le rinde cuentas a nadie. Que Kant, como padre de la criatura, que se había servido de ella para ocultar algunos errores más gruesos, dejara las cosas así, era justo y necesario. Pero presenciar cómo ahora incluso los asnos se solazan en la poltrona que él introdujera y que cada día se vuelve más fofa con el uso, no es nada fácil. Me refiero a los acostumbrados redactores de compendios que, con la tranquila confianza que les insufla su falta de jucio, imaginan que han fundado la ética cuando se remiten a esa ley moral que supuestamente habita en el seno de nuestra razón, y proceden añadirle una prolija y confusa madeja de frases con la que tan hábilmente saben hacer incomprensibles hasta los aspectos más claros y sencillos de la vida; sin que al acometer esta empresa se hayan seriamente preguntado por un instante si tal ley moral se encuentra escrita, cual cómodo código de conducta, en nuestro cerebro, nuestro pecho o nuestro corazón. De ahí que yo no pueda ahora ocultar la satisfacción con que me dispongo a sustraerle a la moral su amplia poltrona, y revele sin tapujos mi proyecto de demostrar que la razón práctica y el imperativo categórico kantianos no son otra cosa que fantásticas conjeturas totalmente injustificadas y carentes de fundamento.


Friedrich.

martes, 8 de mayo de 2007

Haiku.

Bajo el cerezo en flor,
nadie es
un completo desconocido.


Friedrich.

El hombre.

Un grupo de puercos espines se apiñaron densamente un frío día de invierno para obtener calor y salvarse de morir congelados. Muy pronto, sin embargo, sintieron las púas recíprocas, lo que les obligó a separarse de nuevo. Cada vez que la necesidad de calentarse los reunía, volvía a presentarse a aquel otro incoveniente, por lo que siempre se veían arrastrados entre uno y otro tipo de sufrimiento, hasta que finalmente encontraron una moderada distancia entre ellos que les permitía soportar su situación. Así, la necesidad de vivir en sociedad, nacida del vacio y de la monotonía del yo interior, atrae a los seres humanos los unos hacia a los otros; pero sus numerosos rasgos desagradables y errores imperdonables vuelven a separarlos. La distancia intermedia, viene dada por la amabilidad y las buenas costumbres . A aquel que no guarda la distancia se le advierte en Inglaterra: Keep your distance! Es cierto que esa distancia satisface sólo a medias la necesidad de obtener calor recíproco; pero al menos evita que se sienta el dolor de las púas. Quien disponga, sin embargo, de suficiente calor interno hará bien en mantenerse alejado de la sociedad, para así no molestar ni ser molestado.


Friedrich.


PS. Los llamados seres humanos, con escasas excepciones, no son otra cosa que sopas con arsénico.

lunes, 7 de mayo de 2007

Elecciones.



Se acercan las elecciones y los políticos buscan los votos donde pueden.


Friedrich.

jueves, 3 de mayo de 2007

Semper dicendo, nihil disco.

La barba debería, por ser casi una máscara, estar prohibida por la policía. Además, como es un símbolo sexual plantado en medio de la cara, resulta obscena; de ahí que le guste tanto a las mujeres.
La barba, se suele decir, es connatural al hombre, y es cierto; por eso le resulta muy apropiada al hombre en su estado natural, así como el afeitarse lo es del hombre en su estado civilizado, pues muestra que la violencia animal y cruda -cuyo signo patente para cualquiera es aquella excreencia propia del sexo masculino- ha tenido que ceder ante la ley, el orden y la urbanidad. La barba incrementa la superficie animal del rostro y la destaca: por ello le imprime a éste una apariencia tan marcadamente brutal; !basta con observar de perfil a un hombre comiendo! Alguien hasta dirán que la barba es un adorno; adorno en todo caso desde hace no más de 400 años. La ferocidad y atrocidad que la barba le confiere a la fisonomía proviene del hecho de que una correspondiente masa inerte ocupa la mitad del rostro, precisamente aquella mitad en que se expresa la índole moral del individuo. Además, todo lo barabado es animal.
!Mirad a vuestro alrededor! Incluso como síntoma exterior de la crudeza triunfante podréis apreciar el elemento que siempre la acompaña: la barba larga, esta impronta sexual en medio del rostro, la cual indica que se estima más la masculinidad -la cual se comparte con las fieras- que la humanidad, pues da a entender que uno quiere ser primero un macho, "mas", y sólo después un ser humano. El rasurar las barbas en todas las épocas y países de elevada civilización surgió del acertado sentimiento contrario, es decir, el que lo incita a uno a tratar de convertirse ante todo en un ser humano, y hasata ciero punto en un ser humano in abstracto, relegando a segundo plano la diferencia sexual de lo animal. En cambio, el tamaño de la barba ha ido siempre de la mano del carácter bárbaro, cuyo mismo nombre evoca.


Friedrich.

Lexatín.

No quiero ser Sandra Dee, aunque Rizzo me dedique una canción. Prefiero volver a ser Friedrich y que tú seas Lou. Y claro que hay algo más triste que un caballito pony, renunciar si que es triste.


Friedrich.