Si se me permitiera ahora una alegoría jocosa e incluso frívola, compararía a Kant, en su tendencia a mistificarse a sí mismo, con un hombre que en un baile de disfraces corteja toda la noche a una bella dama enmascarada, convencido de haber hecho una conquista; hasta que al final del baile ésta se descubre el rostro y se da a conocer... como su esposa.
Friedrich
jueves, 19 de julio de 2007
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